A veces se siente con tanta intensidad que terminas
olvidándote de todo lo demás. Quieres, deseas
y sientes que te mereces todo lo que te hace sentir bien. Te vuelves hedonista
y lo que está alrededor de ti ya no está más. Está tu placer y tú. Y si ese
placer te lo da alguien más disfruta el momento. No sé hasta dónde llegue mi
egoísmo que me preocupo más por sentir yo que por el otro. Egoísta. Sí. Me lo
han dicho. Lo soy.
Querer con tanta intensidad que cuando se acaba el placer
duela. Sientes que se hunde tu pecho, que hay un agujero negro y se consume y
no. Está jalando tu corazón pero no termina de llevárselo. Se atasca. Te duele.
Se atora. Te duele. Y Quieres sacara todo aquello que se atora en tu garganta.
Y luego ya no puedes más y sale como vómito verbal o en forma gutural. Y te
secas. Te secas completamente de lágrimas.
Intensidad. Gritos. Peleas contigo mismo. Autoflagelación
recordando aquello que te daba placer y que ya no te da más. Mal. Todo mal. Y
luego el hoyo negro deja de succionar pero el corazón se queda atascado. Ahí
queda. Y cada que ves aquello que te hacía
sentir bien pero que ya no volverá más, el corazón se estruja y se aprieta y
duele. Y corres, pero no escapas porque el bastardo está dentro de ti. Y te das
golpes de pecho. Y duele. Pero no se va.
Y el nudo regresa. Y te secas otra vez.
Y entonces inicias de nuevo. Pero te das cuenta que cada vez
que te rompen el corazón (te lo estrujan) cada vez se vuelve más difícil volverte
a enamorar. Cada vez eres más hedonista y buscas tu placer a costa de terceros.
Y cada vez se te dificulta sentir más amor.
¿Volverás a sentir amor?