martes, 23 de febrero de 2010

Mátala

Mátala, ¿qué importa?

Ya vivió lo suficiente, hazle el favor...

Ya está odiando a la gente. No disfruta su compañía. No quiere que la toque. No más consejos. ¡Qué mas da! Fue suficiente. No quiere tolerar más las risas idiotas y carcajadas bobas. Los rostros hipócritas y los sentimientos superficiales.

Mátala.

Sólo le queda ese diario, ¡échale la culpa al libro! Ella quiere su suicidio intelectual. Hazle el favor. Ya sabe demasiado, y eso la está matando. Ya descubrió las intenciones ajenas. Ya sabe que nadie se salva. Lo sabe.

Mátala.

¿Arrepentirse? Ni cuenta se dará, además la culpa la tienes tú. Ambiciosa de saber la volviste y camino a retroceder ya no hay. No habrá culpables. Ya tira del gatillo.

Mátala.

Desesperanza ya no tendrá. No se prometen resultados satisfactorios, pero sí ya una liberación, paz y nada de desesperación. ¡Te lo pide a gritos! ¡Ya no lo pienses!

¡Mátala!

Y tiré del gatillo.