martes, 11 de mayo de 2010

Provocaciones

Estaban ahí, los dos. Ese cuarto y las historias, recordando cosas. Riéndo como si nada hubiera pasado, hablando de esto y aquello. Ella notaba que a cada vez él se acercaba más y más. De un momento a otro la intentó besar, pero ella volteó la cara. Ella era fuerte, se debe decir, pero él lo era más, y a base de caricias, él la convecio.

La tomo de la cadera, la acercó lentamente a sus labios, y la besó... Como antes. Por un momento ella le respondió el beso, e igual lo agarró como lo hacían cuando estaban juntos. Pero recordó todo, abrió los ojos y le mordió el labio. Él se alejó, revisándose si sangraba, ella lo miraba. Eran de esas miradas de amor-odio. Caminó a él para revisarlo, y él bruscamente le quito la mano de su boca para continuar lo que habían interrumpido. Nuevamente le siguó el juego, y nuevamente recordó, pero ahora la aventó, agachándo la cabeza, limpiándose la boca y mordiéndose los labios como castigándose a si misma.

Otra vez salió una conversación, y se siguió como hacia rato, y otra vez un beso, mientras ella lo llamaba "cruel" a cada beso prohibido que le robaba.
Llego la hora en la que se debían despedir, él tenía que irse, y con esa sonrisa seductora por última vez la tomó de la cadera y la besó con esa fuerza que ella no resistía y que la obligaba a continuar, a no detenerse, a desvanecerse en sus brazos, a besarlo desesperadamente, a olvidar todo, a seguir con sus provocaciones.

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