Ahora mismo no sé que pensar. Si me estás tomando el pelo, como la primera vez. Pero esta vez trajiste flores, tal vez, si tan solo... ¡NO! Eso pensé la otra vez y mírame: 5 kg. de más, los párpados hinchados, y dos amistades perdidas. Nunca entiendo como es que vuelvo a caer. Y no es porque te amo. Porque si yo te amará tanto como digo, no te perdonaría el hecho de que te hayas revolcado con Conchita. ¿Conchita? ¿No pudiste elegir a nadie más? ¿Tenía que ser mi hermana? Ya ni la chingas, mírame, ya estoy llorando otra vez. No merezco esto. No merezco creer que soy lo peor porque a un patán como tú se le antojó tirarse a la hermana de su novia. Bueno, dime, ¿coge más rico que yo? ¿Sus 17 primaveras le dan ventaja sobre mí? No empieces con tus miradas, mírame a mí y pregúntate si es necesario hacerte la víctima. Pinche cínico, pocohombre. No te odio, pero que no daría por tener la voluntad de hacerlo. ¡Con un carajo que no me abraces! Y todavía traes serenata, ¡a ver! ¡Échense la de mujeres como tú! Siempre quise que me dedicaras esa y mira quien terminó dedicándola a quien. ¡NO NO NO! ¡Mejor cállense! Ya me tienen hasta la madre, ya me voy. ¡CON UN CARAJO QUE NO ME TOQUES! Ya déjame, por favor. Mira como estoy sufriendo, no lo merezco, no lo merezco. Ya no vengas más, te lo suplico, ya déjame, si quieres puedes quedarte con Conchita, pero a mi ya no me busques, sólo me haces más daño. Adiós Ricardo, adiós para siempre. A largo plazo sabrás si de verdad me amabas, hoy comprende que yo considero que no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario