lunes, 12 de diciembre de 2016

Cartas tres.

2 de mayo de 2011



Llevo escrito un tercio de línea porque no me decido qué decirte. No me decido si reclamarte primero, no me decido si saludarte, porque la educación va primero. No me decido si decirte que te vayas al carajo, o que ya regreses, que te extraño. No me decido si pedirte explicaciones ni me decido si mejor ya no enviarte nada. No me decido si decirte que te amo, ni me decido si ir a verte y escupirte en la cara. No decido si quedarme en casa llorando, pero tampoco decido si salir a distraerme. No me decido si regalar al gato que me diste, ni me decido si seguirle llamando gato o ponerle un nombre más sensato. No me decido. Nomás no me decido. No me decido si cocinar algo decente o seguir comiendo la pizza del refrigerador. No me decido si llamar a mi familia y decirles que no estoy bien, ni me decido si decirles a mis amigos que ya no me importas, que ya te olvidé. No me decido. No me decido si tirar a la basura todas tus fotos, ni me decido si guardar una, no vaya a ser. No me decido si seguir poniendo el aleatorio de la música, ni me decido si dejar de ver películas de amor. No me decido si dejar de pensarte, ni me decido si ya mejor pensar en mí. Y de tantas negativas no me decido si ser positiva y perdonarte o ser negativa y ya, de una vez, dejarte ir.

Ya nunca más tuya (o sí)

Silvia.

Cuida tu alma, Lupita.

Cuidado cuando abras tu corazón, Lupita, cuidado. Porque no sólo le abrirás el corazón, y las piernas y el cuerpo, a veces también les abres tu alma, y ahí ya valiste madre mija. Abre la boca, abre tu mente, abre tus manos, pero tu alma nunca se las abras. Porque más que besarte la boca, más que besarte las manos, más que besarte las piernas o más que besarte el cuerpo completito, te besan el alma. Te la marcan. Te la tatúan pues. Con promesas, con frases, con romanticismos, con sueños, con mentiras. Si quieres, entrégales todo Lupita. ¡Todo!, pero no el alma, ¡por lo que más quieras! El alma no. Tu alma no. Sé celosa de tu alma porque es sólo tuya. Porque si le entregas el alma ya no hay vuelta atrás. Porque si le entregas tu alma, ya no serás tuya jamás. Dale de besos, dale de abrazos, dale suspiros, dale miradas, pero no le des tu alma. Esa no. Porque cuando llegues al cielo y te pregunten “¿Y tu alma?” tú dirás “Se la di al amor”, y no te van a creer, y te van a regresar, y entonces vas a vagar, Lupita. No le des tu alma. Porque esa ya no te la van a devolver.