2 de
mayo de 2011
Llevo
escrito un tercio de línea porque no me decido qué decirte. No me decido si
reclamarte primero, no me decido si saludarte, porque la educación va primero.
No me decido si decirte que te vayas al carajo, o que ya regreses, que te
extraño. No me decido si pedirte explicaciones ni me decido si mejor ya no
enviarte nada. No me decido si decirte que te amo, ni me decido si ir a verte y
escupirte en la cara. No decido si quedarme en casa llorando, pero tampoco
decido si salir a distraerme. No me decido si regalar al gato que me diste, ni
me decido si seguirle llamando gato o ponerle un nombre más sensato. No me
decido. Nomás no me decido. No me decido si cocinar algo decente o seguir
comiendo la pizza del refrigerador. No me decido si llamar a mi familia y
decirles que no estoy bien, ni me decido si decirles a mis amigos que ya no me
importas, que ya te olvidé. No me decido. No me decido si tirar a la basura
todas tus fotos, ni me decido si guardar una, no vaya a ser. No me decido si
seguir poniendo el aleatorio de la música, ni me decido si dejar de ver
películas de amor. No me decido si dejar de pensarte, ni me decido si ya mejor
pensar en mí. Y de tantas negativas no me decido si ser positiva y perdonarte o
ser negativa y ya, de una vez, dejarte ir.
Ya
nunca más tuya (o sí)
Silvia.
