Cuidado cuando abras tu corazón, Lupita, cuidado. Porque no
sólo le abrirás el corazón, y las piernas y el cuerpo, a veces también les
abres tu alma, y ahí ya valiste madre mija. Abre la boca, abre tu mente, abre
tus manos, pero tu alma nunca se las abras. Porque más que besarte la boca, más
que besarte las manos, más que besarte las piernas o más que besarte el cuerpo
completito, te besan el alma. Te la marcan. Te la tatúan pues. Con promesas,
con frases, con romanticismos, con sueños, con mentiras. Si quieres, entrégales
todo Lupita. ¡Todo!, pero no el alma, ¡por lo que más quieras! El alma no. Tu
alma no. Sé celosa de tu alma porque es sólo tuya. Porque si le entregas el
alma ya no hay vuelta atrás. Porque si le entregas tu alma, ya no serás tuya
jamás. Dale de besos, dale de abrazos, dale suspiros, dale miradas, pero no le
des tu alma. Esa no. Porque cuando llegues al cielo y te pregunten “¿Y tu
alma?” tú dirás “Se la di al amor”, y no te van a creer, y te van a regresar, y
entonces vas a vagar, Lupita. No le des tu alma. Porque esa ya no te la van a
devolver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario