lunes, 12 de diciembre de 2016

Cuida tu alma, Lupita.

Cuidado cuando abras tu corazón, Lupita, cuidado. Porque no sólo le abrirás el corazón, y las piernas y el cuerpo, a veces también les abres tu alma, y ahí ya valiste madre mija. Abre la boca, abre tu mente, abre tus manos, pero tu alma nunca se las abras. Porque más que besarte la boca, más que besarte las manos, más que besarte las piernas o más que besarte el cuerpo completito, te besan el alma. Te la marcan. Te la tatúan pues. Con promesas, con frases, con romanticismos, con sueños, con mentiras. Si quieres, entrégales todo Lupita. ¡Todo!, pero no el alma, ¡por lo que más quieras! El alma no. Tu alma no. Sé celosa de tu alma porque es sólo tuya. Porque si le entregas el alma ya no hay vuelta atrás. Porque si le entregas tu alma, ya no serás tuya jamás. Dale de besos, dale de abrazos, dale suspiros, dale miradas, pero no le des tu alma. Esa no. Porque cuando llegues al cielo y te pregunten “¿Y tu alma?” tú dirás “Se la di al amor”, y no te van a creer, y te van a regresar, y entonces vas a vagar, Lupita. No le des tu alma. Porque esa ya no te la van a devolver.

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