lunes, 24 de diciembre de 2012

Él.

Trataba de encontrar las palabras correctas para no cagarla. Para decirle que ahora estaba con alguien y que ya no podía estar tonteando entre que sí quería salir con ella o no. Que sí era sincera era porque realmente me importaba lo que pensara de mí. Que sí la quería, pero que apareció alguien que me ofrecía la estabilidad que ella no estaba dispuesta a darme. Que en él he encontrado la calidez que ella sólo me promete. Que él me mira con los ojos con los que ella teme mirarme. Que él, me atrevo a decir, se acuerda de mi con la frecuencia que ella no demuestra. Que tal vez le exijo actitudes que ella no tiene, pero que él es una persona libre sin compromisos, no como ella, que tiene a alguien.

Pero no podía encontrar yo aquellas palabras, así como tampoco podía quedarme sin decirle nada. 

"Hola. Perdón por todas las negativas de las salidas que me has pedido, pero hay algo, o más bien alguien que no me deja hacerlo. No me malinterpretes, él no es un manipulador, es más, el no sabe que existes, pero lo quiero y considero que de seguir viéndote estaría traicionando su confianza, pues por eso mismo, por que lo quiero."

Y ya no supe que más escribir, y ya no me respondió nada más. Tal vez lo entendió. O tal vez no.

viernes, 19 de octubre de 2012

Necia.

"¿Y me vas a amar hasta mañana?" pero sonaba como un cliché mamón y mejor ya no le dije nada. Miraba su tranquilo rostro invadido de paz, tranquilidad. Era tan él. Tan dulce y a la vez tan lleno de una virilidad que deshace. A mí me volvía loca el simple hecho de que rozara mis manos. Frecuentábamos ese horrible café que a ninguno de los dos nos gustaba, pero el juego de miradas de un lado de la sala al otro era lo que nos hacía seguir acudiendo a ese local. Hasta que un día se animó, camino a mi mesa, se sentó y me invitó un café. No hablamos durante toda la estancia. Terminamos nuestros respectivos cafés, me despedí, así como él y cada quien por su lado. Al siguiente día ya me estaba esperando en la mesa que yo siempre tomaba, y no en la suya, cruzando el lugar. Me senté y le dije mi nombre. Dijo el suyo, y nuevamente fuimos silencio hasta que nuestras tazas se vaciaron. Y nuevamente cada quien tomó su camino. Compartimos la misma mesa por tres meses. A partir de que nos presentamos no cruzamos palabras de nuevo, nos mirábamos fijamente, compartíamos el lenguaje de las miradas. La conexión era extraña, nos reíamos a la vez como si hubiéramos oído el pensamiento del otro, o hacíamos muecas, pero siempre concluíamos. Llego el día que me tomó de la mano. Y elevándose sobre los capucchinos me robó un beso. Y estuvimos en esa incómoda posición hasta que se separó de mis labios, dejó la cuenta y salió tranquilamente mientras yo me quedaba anonadada esperando que mis músculos se relajaran por las múltiples sensaciones que provocaba ese hombre en mí. Tome mi abrigo y salí. Para el siguiente día llegué yo primero. Luego él y me saludo "Hola, disculpa la hora, pero salió un compromiso, ¿ya pediste algo?". No me daba cuenta que ahora lo esperaba y que su retraso me ponía nerviosa. No sé que cara puse que replicó "¿pasa algo?". Su voz. Desde que dijo su nombre no había tenido tiempo de escucharlo hablar tan claro. Una voz tan única. Mi piel se erizó, él me miro con curiosidad, soltó una risita y se agachó a besarme. "Espero que recuerdes mi nombre". ¿Cómo olvidarlo si todos los días me levantaba con la promesa de encontrarlo en el café, con su traje, el olor de su colonia y el sabor de sus labios a expresso?. "¿No hablas?" me dijo después porque me perdí en su mirada por algunos minutos "perdón" dije. "¿Por qué?" contestó, mientras me miraba como cuando un niño ve un regalo de navidad. "Porque no he sabido reaccionar de manera adecuada a tu pregunta. Recuerdo tu nombre, tu fragancia, tu forma de peinarte, tu formalidad, y es extraño porque no sé nada de ti. No sé de donde eres, no sé en qué trabajas, pero siento como si te conociera de toda mi vida. Como si el primer día que nos vimos era como si te hubiera vuelto a ver, porque mi corazón se estremeció de jubilo y se animó como nunca lo había hecho con nadie" paré. No alcanzo a comprender como dije todo eso. No hablaba y resulté una conversadora seria. "vaya, no esperaba todo eso. Pero, ¿Y si te digo que sentí lo mismo? No se si sea apresurado, pero ya que nos estamos sincerando, cuando te ví, sentí que te amaba. Que llevaba una eternidad esperándote y cuando pasaste frente a mis ojos esa tarde, sentándote en este lugar cerca de la ventana, te amé. Cuando al siguiente día llegaste nuevamente te ame más, y cuando me miraste por primera vez, imagínate. No cabía en mi alegría. No sabia como acercarme sin parecer desesperado, porque así estaba. Ansioso de estar junto a ti. Tampoco sé por qué aquel día precisé entrar a este local. Un impulso me trajo aquí, y ese mismo día aquí te encontré. Perdóname si soy atrevido, pero te amo. No he amado como te estoy amando. Y..." me Levante y lo besé. Lo besé. Se paró y me colgué de su cuello. Duramos una eternidad ahí. En el momento que tomamos un respiro ambos nos apresuramos a tomar nuestras cosas y salí del lugar de su mano como si no quedara tiempo que perder. Terminamos en su casa y heme aquí todavía preguntándome si me va a seguir amando mañana. Que necia que soy.

lunes, 6 de agosto de 2012

Así es.

Y es entonces cuando no termino de entender cómo te me fuiste entre los dedos. Cómo perdí tu rastro, tu esencia y toda muestra de tu completa naturaleza. Y me fui muriendo poquito a poquito y sin nadie ni nada, porque necio te seguía queriendo a ti. A tu recuerdo y a lo que fuimos. A lo que tal vez seríamos. A lo que ya no seremos. A cuantas formas de amarnos descubrimos y exploramos. ¡Que viva mi desdicha! ¡Que viva! ¡Que viva! Que me muera pensando en ti. Pero que sea en ti. Que sea en tu figura y en tu mirada, en tu voz y toda tu presencia. En toda tú. En todo yo. En nosotros. En la nada.

miércoles, 18 de julio de 2012

Vamos a intercambiar papeles

Vamos a intercambiar papeles. Vamos a jugar a esto. Cuando te despiertes por la mañana ya no voy a estar a tu lado. Buscarás una de mis prendas, no será una camisa, no te quedaría, pero te pondrás algo que huela a mi. Me buscarás pero no estaré en ese lugar. Marcarás a mi teléfono, y con excusas caducadas, te diré que tenía trabajo, por eso no amanecí a tu lado. Eso será una gran mentira, porque simplemente quería estar sola. Me reprocharás que no amanecimos juntos, que ya es la tercera ves, que si ya no te quiero. Tratare de contentarte pero no lo lograré, al contrario, colgarás en sollozos por mi falta de atención y sensibilidad. Pasará la tarde y llegaré a casa. Marcarás diciendo que necesitas verme, y quedaremos de vernos en un café que queda por aquí. Llegarás vestido de lo mejor, con esa loción que me encanta. Nos sentaremos y me dirás que siempre es lo mismo, que me amas pero no puedes con esto, que me comprometa o mejor te deje. Sonreiré dulcemente y caerás, lo sé. Me abrazarás e iremos a casa. Y el círculo vicioso se repetirá.

¿Ya?

jueves, 14 de junio de 2012

¿Me podrías explicar?

¿Y qué voy a hacer cuando te vayas?
¿Me puedes decir?
Tendré que volver a levantar mil murallas
que me impidan perseguirte

Suspirar por las noches
no será como antes
reprimiré mis reproches
dormiré viendo cuartos menguantes
y extrañando nuestras mil noches

Pero a ti no te importa
tú ya te fuiste
dejaste la puerta cerrada
para avisarme, sin usar las palabras,
que por ti ya no preguntara

Buscar una salida
de mi inminente desgracia
¡¿Dios mío te da gracia?!
¿No pudiste quitarme primero la destreza
de no extrañar a mi tormento?

Hoy estoy tomando un vino
no es bueno, mucho menos fino
pero embriaga despacio
y me recuerda el olor a ti,
el olor de tu cuerpo junto al mío.


lunes, 14 de mayo de 2012

Voluntad

Ahora mismo no sé que pensar. Si me estás tomando el pelo, como la primera vez. Pero esta vez trajiste flores, tal vez, si tan solo... ¡NO! Eso pensé la otra vez y mírame: 5 kg. de más, los párpados hinchados, y dos amistades perdidas. Nunca entiendo como es que vuelvo a caer. Y no es porque te amo. Porque si yo te amará tanto como digo, no te perdonaría el hecho de que te hayas revolcado con Conchita. ¿Conchita? ¿No pudiste elegir a nadie más? ¿Tenía que ser mi hermana? Ya ni la chingas, mírame, ya estoy llorando otra vez. No merezco esto. No merezco creer que soy lo peor porque a un patán como tú se le antojó tirarse a la hermana de su novia. Bueno, dime, ¿coge más rico que yo? ¿Sus 17 primaveras le dan ventaja sobre mí? No empieces con tus miradas, mírame a mí y pregúntate si es necesario hacerte la víctima. Pinche cínico, pocohombre. No te odio, pero que no daría por tener la voluntad de hacerlo. ¡Con un carajo que no me abraces! Y todavía traes serenata, ¡a ver! ¡Échense la de mujeres como tú! Siempre quise que me dedicaras esa y mira quien terminó dedicándola a quien. ¡NO NO NO! ¡Mejor cállense! Ya me tienen hasta la madre, ya me voy. ¡CON UN CARAJO QUE NO ME TOQUES! Ya déjame, por favor. Mira como estoy sufriendo, no lo merezco, no lo merezco. Ya no vengas más, te lo suplico, ya déjame, si quieres puedes quedarte con Conchita, pero a mi ya no me busques, sólo me haces más daño. Adiós Ricardo, adiós para siempre. A largo plazo sabrás si de verdad me amabas, hoy comprende que yo considero que no.

miércoles, 2 de mayo de 2012

En la voz y en la mirada

¿Quién te dio permiso de mirarme así,
con esa mirada tan característica de ti?
¿No ves acaso que me quema el alma?
Prende un deseo
Pero apaga una esperanza

¿Quién te dio derecho de portar ese aroma,
que hipnotiza, idiotiza y enamora?
Que no es normal en una persona,
que me recuerda a la madera,
que refresca cual llovizna

Eres como un juguetito andante
Todo el mundo te desea, ¿pero quien podrá amarte?
Y ese lujo te das, de despreciar con la mirada
y enamorar con esa oleada
de perfume sensacional

Anda ya, vete a casa. Enciérrate y ya nunca más salgas
No queremos que en una de esas te nos vayas
mejor no, y dedícame una mirada